Por partes

 


Cuando te extraña mi boca
es porque hay besos de fruta
buscando el cuenco de roble
de tus labios que la evocan.

Cuando te extrañan mis hombros
es porque hay sueños de árbol
buscando servir de apoyo
y de sombra a tu descanso.

Cuando te extrañan mis manos
es porque hay tactos de pluma
buscando rozar tus ganas
y el ansia de tus llanuras.

Despertarse




El prodigio germina el lecho tibio,
los compases lánguidos, sutiles,
evidencian el comienzo del milagro,
huele a incienso, dulce, humo y tacto.

Los cuerpos livianos alzan vuelo
sin dejar la tierra irán tan lejos,
las piernas se confunden enlazadas
los brazos que se alargan como alas.

En la cama tibia aclara el día
y la quimera de latir al mismo ritmo
los cuerpos van volviendo del letargo
naciendo con el sol desde el abismo.

Crecimiento



 
Sumo un minuto más a mi existencia
el calendario se deshoja, cae la tarde,
el reloj en su brutal monotonía
señala su secuencia irremediable.

Mientras el mundo marcha tras su sino
y todos fluyen en su estela de papel,
yo crezco en tu sonrisa generosa,
me multiplico en cada poro de tu piel.

Soy más, me expando y me propago
con tus manos, tu palabra, tu pensar,
cada paso de segundo me germina
y florezco en el jardín de tu mirar.

Para habitarme


Soy un árbol,
la tierra me sostiene,
firmes los cimientos,
el agua recorre caminos
entre mis poros abiertos,
la savia que asciende
nutre todas mis ramas
que miran al cielo,
la brisa me acaricia
colándose entre las hojas.
Soy un árbol, vivo, verde,
llegas tú, pájaro libre
y construyes tu nido,
para habitarme.

Tú, después de la lluvia


 




Como cuchillos
el viento y la lluvia
fríos, feroces, inhóspitos
se cuelan bajo mi ropa,
penetran la fibra,
ultrajan la piel.
Como mantas
tus manos y brazos
cálidos, gratos, complacientes
retiran la húmeda ropa,
recorren el cuerpo,
confortan la piel.

Por si acaso

 
Que la luz de los faros
no me ciegue nunca,
que la voz del altoparlante
no me ensordezca jamás,
que las flechas indicadoras
no vayan a confundirme,
que los cruces de caminos
no me hagan siquiera dudar.
Pero si a mi pesar,
me ciego o ensordezco,
me confundo o dudo,
por favor, venme a buscar.
 

Surrealismo real

  …
Tu mano en mi grupa
mi risa en tu cara
tu beso en mi vientre.

Mi pelo en tu espalda
tu oreja en mi hombro
mi pierna en tu muslo.

Tu ombligo en mi mano
mi cuello en tu axila
tus pies en mi empeine.

Una mezcla surrealista,
como un cuadro de Miró,
en el lienzo de mis sábanas.

Sin palabras

  …
Las busco,
parecen estar escondidas
tras algún recuerdo,
debajo de ciertos libros,
dentro de cualquier armario.
Me empeño,
juegan con mi voluntad,
se niegan a mostrarse,
huidizas, esquivas,
ausentes e implacables.
Me rindo,
ciertos días las palabras,
simplemente se niegan
a prestarse a mi juego.

Deseo de mayo

  …
  Mayo desea a agosto
desvelado, soñador, ansioso.
Mayo tan caduco, tan otoño
sueña con la promesa del sol.
Agosto no es primavera aún,
pero es su presencia inminente.
Mayo se acurruca entre mantas
y pisa las hojas secas, crujientes,
mientras ansía el calor temprano
del los últimos días del invierno,
que cuando va muriendo,
lo hace para nacer, para explotar,
así como mayo quisiera nacer,
en lugar de otoño, primavera.

Licuefacción


Soy una nube,
voy absorbiendo cada gota,
cada partícula de vapor
que emanas me alimenta,
me pueblo de tu sudor,
me impregno con tu saliva
bebo tus lágrimas,
respiro tu aliento.
Soy una nube,
con cada gota crezco,
me nutren los efluvios
de tu cuerpo húmedo,
la presión que se eleva,
se condensa mi cuerpo
y lluevo sobre el tuyo.

Tras los cristales


 


Quitando el cristal del embeleso
que hace que te vea como a Adonis,
rompiendo el cristal de la pasión
que me hace verte como a Hércules,
eliminando el cristal de la ternura
que te muestra a mi ojos como a Aquiles.
Destruyendo todos los cristales
que pudieran distorsionar la realidad,
te miro desde aquí cuando me miras
y floto en el deleite de lo que veo.







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Audacia


 

¿Lo quieres? preguntaste
y llené mis costales y mis manos.
¿Puedes? preguntaste
y alcancé hazañas innombrables.
¿Te atreves? preguntaste
y salté sin arneses, ni red de contención.





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