Fax

Desde este espacio acotado, esta celda con muros de cristal y barrotes invisibles, rígidos y fríos.

Desde estos pocos metros cuadrados, colmados de obligaciones, llamadas de teléfonos, números, cables y mares de papel.

Desde la arcaica subordinación del que más sabe bajo el que más tiene.

Desde esta isla solitaria, llena de los extraños de cada mañana; desde un escritorio de madera en medio de una oficina estoy volando hacia vos, que en la soledad de tu atalaya defendés nuestros sueños – barquitos de papel con tus dardos contra los fantasmas de la resignación innecesaria.

Mientras, yo busco una vez más razones valederas que justifiquen esta separación tan dura como una roca. Y sin encontrar una sola, me limito a jugar el juego, sin comprender las reglas que hacen que siempre ganen las mismas fichas.

Desde esta brutal lejanía, con un mar insalvable entre tu atalaya y mi isla, voy a tu encuentro mecida por esta balsa hecha del sólido material que componen la sensación de tus caricias aún vibrando en mi piel, la calidez de tus miradas guardadas bajo mis pupilas y el aroma de tus manos oculto entre las mías.

Y allí estas sereno, esperándome en ese lugar reservado sólo a nuestros encuentros imaginarios, casi tan intensos como los reales.

Prioridades

Podría escribir un tratado sobre la pobreza en Somalia, subirme a un estrado y disertar sobre la idiotez de las guerras que se tragan las vidas de los más débiles e indefensos o insultar públicamente la soberbia de quienes las deciden.

Podría editar panfletos de protesta contra el sistema, podría juntar firmas para derogar leyes injustas o podría juntar armas para derrocar a los dictadores.

Podría alzar los puños ante los policías en las manifestaciones, podría incendiar neumáticos y gritar contra las pruebas nucleares.

Podría dedicarme a la política para mejorar el país o pregonar en pro de la tolerancia para mejorar el mundo.

Podría irme al Amazonas a salvar árboles, a la India a vacunar niños, al África a pelear contra el racismo, al fondo del mar a salvar a las ballenas.

Podría tomar los hábitos y dedicar mi vida a enriquecer almas.
Podría hacerme corredora de bolsa y dedicar mi vida a enriquecer inversores.
Podría hacerme cantante y dedicar mi vida a enriquecer a los productores.

Podría hacer muchas cosas para ganarme un lugar en los anales de la historia, pero por el momento me resulta imperiosamente prioritario quedarme aquí, abrazada a tu cuerpo que me abraza, esperando que amanezca.

Descripción


Extremadamente excelsa,
bruscamente arrebatadora,
esencialmente concupiscente,
delirantemente ufana.
Acromegálico cíclope,
exceso, hipérbole, demasía,
diurna gigante todopoderosa,
nocturno duende mágico.

Juego a buscar ese adjetivo
que te describa fielmente
mientras te miro dormir
y concluyo que ninguno
logra trazar cabalmente
los contornos innombrables
de la perfecta obra que eres.

  …


Como la playa



  …
Como el sol en la playa
Que lentamente te va acariciando,
Va entibiándote la piel y te gusta,
Y te adormece y te transporta.

Como el agua en la playa
Que llega suavemente a refrescarte
Va humedeciéndote y te hidrata,
Y te recorre y te suaviza.

Como la arena en la playa
Que se amolda dúctil bajo tu cuerpo,
Va llenándote los huecos y te abraza,
Y se te acerca y te recibe.

Como el sol en la playa
Que se vuelve penetrante y caliente,
Va quemándote la piel y te incomoda,
Y te molesta y se te pega.

Como el agua en la playa
Que como viene se va, indecisa,
Te deja con ganas de más y se retira,
Y vuelve y vuelve a irse.

Como la arena en la playa
Que no podés retener entre tus manos,
Va cayendo indomable sobre tu cara y te golpea,
Y te invade y no te deja.

Sos como la playa en verano
Llegás lenta, agradable, persuasivamente,
Y mis sentidos gozan y me gusta,
Pero te volvés hastío, demasía, desazón,
Te llenás de obviedades y no me gusta.

Carta sin timbre postal

He pensado declarar ante un multitudinario público mi amor por vos, eterno e incondicional.

También pensé en gritar a los cuatro vientos toda esta necesidad de tus manos, que anega mi aliento y apremia mi carne.

Me figuré inmensamente inspirador correr por las calles portando un estandarte con tu nombre encerrado en un corazón.

Pero todos estos esfuerzos serían en vano; vos no estás entre mi multitudinario público que se compone de mi perro y un par de cigarrillos. Tres de los cuatro vientos no soplan en tu dirección y el que lo hace, se niega a llevar mi voz tan lejos. No puedo correr por las calles, inundadas por la lluvia y para colmo, no tengo ni un carbón con qué pintarte un corazón.

Pese a estos inoportunos contratiempos de último momento sigo arrojando botellas con mensajes en las playas, haciendo volar palomas mensajeras por los cielos, enviando señales de humo desde mi chimenea, escribiendo en las puertas de los baños en los bares, pintando graffitis en los muros de la ciudad y dejando cartas en los buzones, a ninguna dirección.

Queja



  …
Es absolutamente incomprensible,
determinadamente inaceptable,
inexplicable para mi limitado entendimiento.
Es definitiva y desalmadamente inhumana
tu ausencia, la nulidad de tu presencia
que me condiciona a esta pegajosa soledad.
Exijo una pronta reinstalación de este insumo
que me ha sido suprimido sin previo aviso
y que resulta vital para mi alma
e irremplazable para mi cuerpo.

Hasta que llegues



  …
Estaré esperándote hasta que llegues.
Sabés que no podría perderme ese momento
y privarme de la mágica aparición de tu mirada,
de la creación de la medialuna de tu sonrisa
en la luna llena de tu rostro.

No ansío otro regalo de la vida
que tenderte la mano al verte venir
con tu voz destemplada llena de vigor,
con tus manos dispuestas al primer tacto
y todos tus sentidos alertas al nuevo sitio.

Te espero sin desvelo, sin prisa
para no inquietar tu viaje primero,
ese que recorrés desde mi interior
hacia mi abrazo siempre dispuesto
hacia mi, que siempre te espero.

Te espero sin prisa, sin develo.
Y esta espera es creación, origen,
sos la escultura vital de mi organismo,
la savia que fluye desde mi núcleo
para llegar a mí que te espero,
que estaré esperándote hasta que llegues.

Bienvenida


Es necesario penar el momento de júbilo,
pues el día en que abandones el cálido hueco
para golpearte con el albo frío que te espera,
ya no podré regresarte al sitio que compartimos.
Debes saber que esa oscura soledad de mis entrañas
que hoy es tierra fértil, arada y sembrada de ti,
es sólo un lugar de paso, una guarida transitoria,
de la que deberé despojarte llegada la hora,
cuando la primavera de mi cuerpo-árbol
precipite la cosecha de la dulce fruta que eres.

No debe atemorizarte la sorpresa de la vida,
cuando te arrastre una cascada irrefrenable
hacia el llano entre las montañas de mis piernas,
cuando se rompa este silencio que te acuna,
y tu latido que es el mío, cambie de ritmo
para sonar con su propio diapasón.


No debe atemorizarte la sorpresa de la vida
cuando al abandonar el nido húmedo
bebas de mi pecho la vida que te entrego,
y la luz rompa esta ceguera momentánea,
se abran las compuertas de tus pulmones
sorprendiendo las entumecidas bisagras
con tu llanto-canto de vida.

No debe atemorizarte la sorpresa de la vida
pues yo cantaré tu mismo llanto,
porque de tu grito seré yo quien nazca,
fulgor de vida que vienes a mi encuentro,
fuego inextinguible que me creces dentro.
Nacer será como cambiar tu ropaje,
despojarme de mi fruto interno
y obsequiarme tu sonrisa.

Coincidencia

Justamente hoy, cuando se desmoronan los castillos en mi arena, se me hace necesario precisar las imprecisiones.

Y debo confesar que no es un acto sencillo éste de recoger escombros, no para recomponer las estructuras perdidas, sino para evitarme la visión de este caos de partes sin orden ni sentido, de este puzzle sin solución, de los restos del naufragio.

Justamente hoy, me encuentro barriendo los escombros dejados por el temblor, no por un repentino embate de prolijidad propio de mi condición femenina, sino porque teniéndolos delante, evidenciando el paso del huracán, no me es posible dejar de mirarlos, darles vueltas e intentar recomponerlos para satisfacer mi instinto de alarife, esta ineludible manía de albañil que me lleva a poner siempre un ladrillo sobre el otro.

Justamente hoy, luego de tomar coraje y sacudirme los fantasmas de tus miradas, he decidido salir a la calle a nutrirme de este sol tibio de fines de invierno, a llenarme del ruido de los motores, de los pasos apurados, de los rostros anónimos.

Y en ese momento de evasión, sin buscarlo, sin quererlo, sin siquiera pensarlo apareció tu rostro, que no me es de ningún modo anónimo. Y debajo de tu rostro, tu cuerpo, que podría recitar de memoria. Y de tu cuerpo nació tu abrazo borrando los ruidos, los rostros, los pasos…

Justamente hoy, que puse en la vereda los restos de los sueños que apilamos juntos, vos te me aparecés sin razones, sin suposiciones y sin preguntas, para proponerme retomar la tarea de construir castillos en las nubes, para invitarme a olvidar el derrumbe y levantar de nuevo las paredes.

Y yo, para satisfacer mi instinto de alarife, esta ineludible manía de albañil, guardo mis nostalgias en un cajón, remango mi camisa y vuelvo a la labor.

Si me voy


No intentes encontrarme,
si no salgo a la puerta rodeada de ladridos para recibirte,
si al despertar no sentís el peso de mi cuerpo en tu diestra,
o luego del almuerzo no te invade los sentidos un intenso olor a café,
si los vidrios permanecen empañados en los fríos días de invierno
y mis zapatos no se interponen en tu camino hacia el baño,
causando tus frecuentes accidentes matutinos.

No esperes que esté allí,
en primavera, sentada frente a la estufa apagada,
con la mirada fija en la hoguera imaginaria.
Ni perdida entre el verde del jardín,
con las manos embarradas y los pies descalzos.
U ocupada en la cocina, con la olla sobre el fuego
o mi fuego bajo tus manos en el mejor de los casos.

Si mis pies fríos no sorprenden tu cálido sueño
y al bajar a la playa no encontrás mis huellas en la arena húmeda.
Si los ceniceros permanecen limpios,
o si dos copas de vino no esperan servidas al caer la tarde.
Si la guitarra permanece en silencio más de la cuenta
y al mirar a lo lejos, o a lo cerca, no encontrás mi mano tendida,
es porque me fui, y estas cosas ya no importan.