Desde este espacio acotado, esta celda con muros de cristal y barrotes invisibles, rígidos y fríos.Desde estos pocos metros cuadrados, colmados de obligaciones, llamadas de teléfonos, números, cables y mares de papel.
Desde la arcaica subordinación del que más sabe bajo el que más tiene.
Desde esta isla solitaria, llena de los extraños de cada mañana; desde un escritorio de madera en medio de una oficina estoy volando hacia vos, que en la soledad de tu atalaya defendés nuestros sueños – barquitos de papel con tus dardos contra los fantasmas de la resignación innecesaria.
Mientras, yo busco una vez más razones valederas que justifiquen esta separación tan dura como una roca. Y sin encontrar una sola, me limito a jugar el juego, sin comprender las reglas que hacen que siempre ganen las mismas fichas.
Desde esta brutal lejanía, con un mar insalvable entre tu atalaya y mi isla, voy a tu encuentro mecida por esta balsa hecha del sólido material que componen la sensación de tus caricias aún vibrando en mi piel, la calidez de tus miradas guardadas bajo mis pupilas y el aroma de tus manos oculto entre las mías.
Y allí estas sereno, esperándome en ese lugar reservado sólo a nuestros encuentros imaginarios, casi tan intensos como los reales.



