Coincidencia

Justamente hoy, cuando se desmoronan los castillos en mi arena, se me hace necesario precisar las imprecisiones.

Y debo confesar que no es un acto sencillo éste de recoger escombros, no para recomponer las estructuras perdidas, sino para evitarme la visión de este caos de partes sin orden ni sentido, de este puzzle sin solución, de los restos del naufragio.

Justamente hoy, me encuentro barriendo los escombros dejados por el temblor, no por un repentino embate de prolijidad propio de mi condición femenina, sino porque teniéndolos delante, evidenciando el paso del huracán, no me es posible dejar de mirarlos, darles vueltas e intentar recomponerlos para satisfacer mi instinto de alarife, esta ineludible manía de albañil que me lleva a poner siempre un ladrillo sobre el otro.

Justamente hoy, luego de tomar coraje y sacudirme los fantasmas de tus miradas, he decidido salir a la calle a nutrirme de este sol tibio de fines de invierno, a llenarme del ruido de los motores, de los pasos apurados, de los rostros anónimos.

Y en ese momento de evasión, sin buscarlo, sin quererlo, sin siquiera pensarlo apareció tu rostro, que no me es de ningún modo anónimo. Y debajo de tu rostro, tu cuerpo, que podría recitar de memoria. Y de tu cuerpo nació tu abrazo borrando los ruidos, los rostros, los pasos…

Justamente hoy, que puse en la vereda los restos de los sueños que apilamos juntos, vos te me aparecés sin razones, sin suposiciones y sin preguntas, para proponerme retomar la tarea de construir castillos en las nubes, para invitarme a olvidar el derrumbe y levantar de nuevo las paredes.

Y yo, para satisfacer mi instinto de alarife, esta ineludible manía de albañil, guardo mis nostalgias en un cajón, remango mi camisa y vuelvo a la labor.