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Es necesario penar el momento de júbilo, pues el día en que abandones el cálido hueco para golpearte con el albo frío que te espera, ya no podré regresarte al sitio que compartimos. Debes saber que esa oscura soledad de mis entrañas que hoy es tierra fértil, arada y sembrada de ti, es sólo un lugar de paso, una guarida transitoria, de la que deberé despojarte llegada la hora, cuando la primavera de mi cuerpo-árbol precipite la cosecha de la dulce fruta que eres. No debe atemorizarte la sorpresa de la vida, cuando te arrastre una cascada irrefrenable hacia el llano entre las montañas de mis piernas, cuando se rompa este silencio que te acuna, y tu latido que es el mío, cambie de ritmo para sonar con su propio diapasón. No debe atemorizarte la sorpresa de la vida cuando al abandonar el nido húmedo bebas de mi pecho la vida que te entrego, y la luz rompa esta ceguera momentánea, se abran las compuertas de tus pulmones sorprendiendo las entumecidas bisagras con tu llanto-canto de vida. No debe atemorizarte la sorpresa de la vida pues yo cantaré tu mismo llanto, porque de tu grito seré yo quien nazca, fulgor de vida que vienes a mi encuentro, fuego inextinguible que me creces dentro. Nacer será como cambiar tu ropaje, despojarme de mi fruto interno y obsequiarme tu sonrisa. |
