Caminata matinal


Vengo subiendo de la costa
la brisa mañanera me acompaña
en mi ruta de silencios y de rambla.

Vengo de la luz y de la sombra
mirando para adentro de mi mundo
los ojos llenos de sol y de gaviotas.

Vengo de quehaceres cotidianos
de rutinas, de rutas siempre andadas
vengo fresca, cansada, renovada.

Vengo buscando el agua clara
a mojarme la humedad ensimismada
de los sueños que me ha dado la mañana.

Vengo con vos como encastrado
en los ojos, la humedad y lo soñado
en el sol, en las gaviotas, en los barcos.



Tiempo de tormentas


Me gusta el tiempo de Santa Rosa,
será porque es mujer y por su carácter fuerte.
Me gusta este tiempo de últimas tormentas
del fin del invierno resistiéndose a dejarnos.
Es el augurio de la primavera, tormenta sanadora
como si fuera necesario limpiar con fuerza
todo el gris y el frío pasados, soplar la modorra
dejar la siesta invernal para recomenzar
caminar con paso nuevo el tiempo del sol.

Me gusta el tiempo de Santa Rosa
porque promete cosas nuevas, porque no tiene miedo,
no teme su destino de tirar abajo las estructuras
antes de hacer florecer los jardines, antes de renacer
porque limpia las calles y los cielos con determinación,
porque en el tiempo de Santa Rosa no hay medias tintas
se oscurece el cielo, ruge y parece que todo termina,
pero tras los embates del temporal sale el sol tibio
levanta la brisa los restos del naufragio, abre el cielo
y el mar se mece brillante en la noche estrellada
para darle la bienvenida al sol del nuevo día.

Yo camino


Yo camino desde siempre, desde lejos, desde dentro
yo camino sin descaso desde que dejé mi pueblo
por las rutas de un país donde hay risas y lamentos
voy buscando los caminos que me lleven a tu encuentro.

Yo camino cada trozo, cada palmo, cada piedra
yo camino por senderos, por colinas, por praderas,
por peñascos, por la grama, por la tierra, por la hiedra
cada paso del camino es mejor porque me acerca.

Yo camino porque el paso me hace ágil y ligera
yo camino para hallar tras las murallas, las quimeras
para saltar arcoíris, para traspasar las cercas
camino siempre hacia 'lante, para tenerte a mi vera.

Pétalos de la mañana



 
Un duende baja al bosque, cada mañana
sus ojos dulces y alegres, sus ojos
mira de cerca a la musa, sumida en sueños
sus manos blancas y frías, sus manos.

Deja en la almohada un pétalo, cada mañana
sus labios tibios y suaves, sus labios
besa sin prisa a la musa, que no despierta
su pelo negro y rizado, su pelo.

Vuelve a la altura de su atalaya, cada mañana
sus piernas prestas y fuertes, sus piernas
vuelve a mirarla de lejos, mientras la deja
sus curvas, llanos y montes, sus curvas.

La musa abre sus ojos, cada mañana
su instinto alerta, expectante, su instinto
halla su pétalo y lo guarda como un tesoro
su risa que alcanza al duende, su risa.