Pétalos de la mañana



 
Un duende baja al bosque, cada mañana
sus ojos dulces y alegres, sus ojos
mira de cerca a la musa, sumida en sueños
sus manos blancas y frías, sus manos.

Deja en la almohada un pétalo, cada mañana
sus labios tibios y suaves, sus labios
besa sin prisa a la musa, que no despierta
su pelo negro y rizado, su pelo.

Vuelve a la altura de su atalaya, cada mañana
sus piernas prestas y fuertes, sus piernas
vuelve a mirarla de lejos, mientras la deja
sus curvas, llanos y montes, sus curvas.

La musa abre sus ojos, cada mañana
su instinto alerta, expectante, su instinto
halla su pétalo y lo guarda como un tesoro
su risa que alcanza al duende, su risa.