Cuento VI. Libro "Destino". Título "Alemanas I"

Alemanas I

- Buenas tardes señoras y señores, hoy vengo a ofrecerles un producto imprescindible que no le puede faltar…
El morocho seguro me compra, enseguida miró, estos son los que compran, ahora me atiende, y si me atiende, seguro me compra.
-…la única e incomparable curita adhesiva. Si, la curita que usted siempre necesita y nunca encuentra…
La pucha, no me atiende más, ya se puso a mirar por la ventana, seguro que no compra, parece que se va a salir para afuera con tal de no comprar, hijo de la madre. La vieja aquella del fondo está meta sobarse el tobillo, ahora le encajo la del zapato nuevo y seguro me mira.
-…ideal para cuando los zapatos nuevos le lastiman los pies…
No falla, miró nomás, ahora me le arrimo, la dejo que lo piense, y la remato con el precio, ¿dónde va a conseguir curitas a diez pesos?
-… para las lastimaduras de los chiquilines, para cuando se corta cocinando. Y por tratarse de una oferta especial, para que llegue a todo el pasaje capitalino, hoy va a llevar una tira completa de curitas…
Claro, ahora bajó la cabeza, no quiere que me de cuenta que está interesada, pero yo le sigo la corriente, la dejo mansita nomás, no sea cosa que se me revire y no compre, vieja de mierda.
-…conteniendo ocho curitas adhesivas, probadas y comprobadas a solamente diez pesitos…
La maté, no pudo con la cabecita y la levantó nomás, escuchó diez pesos y le saltaron los ojos como a un sapo, te agarré veterana.
-…si, como escuchó, sólo diez pesitos y se lleva la autentica curita alemana…
¿Cómo me olvidaba de decir alemana? Pero si yo lo tenía recontra estudiado y casi me olvido de decir alemana. Eso que ya van como catorce días que ando con las curitas de porquería, y todavía me olvido de decir que son alemanas, así no me las voy a sacar más de arriba y me quedan como cien tiras más para vender.
-…no se pierda esta oportunidad, que más que una oferta es un verdadero regalo, ocho autenticas curitas alemanas por diez pesitos…
Ahora camino despacito hasta el fondo, se las muestro bien, para que vea que son ocho. La gente se piensa que los vendedores ambulantes somos todos chorros, pero no, yo le digo ocho y le vendo ocho, pobre pero honrada. Mirá el pibe este, ¿quién te iba a decir? De este sí que no me lo esperaba.
-…si, ya le entrego m’hijo. Sírvase. Diez de vuelto son veinte. Gracias, que las disfrute con salud.
Que tarada, cómo le voy a decir que las disfrute. Si las usa, es que se lastimó, y yo que le digo que las disfrute, y todavía con salud.
-…otro más que pida, no se pierda este regalo, sigo entregando las autenticas curitas alemanas a diez pesitos…
¿Y ahora qué le pasa a la vieja esta? Mira para afuera como si no le importara nada de todo lo que le dije. Tiene las patas como butifarras adentro de las chanclas y se hace la que no le importan las curitas. ¿Será que no tiene plata? No puede ser, ni siquiera revisó la cartera. Con esa cartera, no me va a decir que no tiene diez pesos.
-…se termina esta oferta señoras y señores, compre ahora porque no va a encontrar este precio en otro lugar.
Estoy al lado de ella y mira para afuera, estoy segura que me voy para adelante y me llama, siempre hacen lo mismo, primero les da vergüenza comprar en el ómnibus y cuando se les va la perdiz se arrepienten y te hacen volver medio coche para atrás. No son más taradas porque no tienen tiempo.
-… ¿alguien más que lleve la oferta? No se la pierda, después se va a arrepentir…
Y no me llama, ya llegamos a la parada y la muy perra no me llama. Este hijo de una grandísima madre me va a abrir la puerta nomás y la vieja no me llama. Y bueno, ella se lo pierde, a ver si encuentra curitas a diez pesos en cualquier lado. Que vaya nomás a la farmacia, así la fajan con curitas a veinte o treinta pesos. Se hace la pituca y no compra en el ómnibus, pero después se hace robar por cualquier matasano de túnica blanca. Curitas a diez pesos no va a encontrar, y mucho menos, alemanas.