
hija de un dios, y no diosa
niña deidad de la tierra
que osó enamorarse del mar.
La niña-mujer no sabía
que su sino estaba escrito,
sus brazos eran los bosques
las mareas lo esencial.
Nacida en cuna de arbol
siempre mirando la playa
soñaba con naves y peces
con tesoros de Simbad.
Su esencia azul abrió alas
corrió descalza entre el verde
llegada al confin del monte
siguió sin mirar atrás.
Hundió sus pies en la espuma
mirando sin comprender
cómo aquello que bramaba
la envolvía en iodo y paz.
Sucumbió al mar que la amaba
le entregó su verde fresco
fundió su alma inocente
en los bosques de coral.
Por amar al mar la ninfa
fue condenada a la espuma
se convirtió en caracola
piel de arena, alga y sal.