Yo soy de donde hay un río...



En la zona ubicada entre el Río de la Plata y el Río Uruguay, una vez hubo un grupo de hombres y mujeres que sintieron que pertenecían a aquel lugar, más allá del nombre que llevara la tierra que pisaban.
Hubo negros, mestizos, indios, gauchos, chinas, hombres y mujeres de la campaña y de las ciudades, que se dieron cuenta que aquellos que los gobernaban lo hacían abusando, robando, aprovechándose y tratándolos como ciudadanos de segunda.
Hubo también algunos hombres que tuvieron la capacidad de convocar esos sentires, darles nombre y encausarlos. Y los otros los escucharon, les creyeron, los siguieron y fueron miles de voluntades tras el mismo sueño.
Pero este pedacito de suelo, enmarcado por ríos, océanos y lagunas, salpicado de sierras y bendecido por tierras fértiles, era un tesoro que los poderosos invasores no estaban dispuestos a perder.
Murieron miles de hombres y mujeres dispuestos a pagar con sangre el derecho a vivir libres. Las convicciones no se debilitaron pese a las marchas y contramarchas, pese a la traición, pese al poder confabulado, pese a la pobreza, el hambre, el sufrimiento y el destierro.
Un día, en esta zona ubicada al sur del cono sur, al borde de un río y bajo un cielo azul celeste, algunos hombres seguramente se afeitaron y vistieron de gala, madrugaron y apuraron el paso, sintiendo en los nervios la relevancia de aquello que estaban por lograr.
Ese día, en la Sala de Sesiones de la Representación Provincial en la Villa de San Fernando de la Florida, 20 representantes firmaron un papel que afirmaba con énfasis que aquí nunca más se toleraría la tiranía, que esta es una tierra libre, que estos son hombres y mujeres libres.
Y ese día, esos hombres y mujeres, los que murieron, los que lucharon, los que se exiliaron y los que vivieron para celebrarlo, nos regalaron una semilla de nación que recibimos cada una de las generaciones de uruguayos y que tenemos la obligación de cuidar.
No fue simple el camino posterior, pasaron 5 largos años para plasmar la libertad en un compilado de reglas de convivencia que nos llevaran a la constitucionalidad y luego los revoltosos orientales nos las arreglamos para pelearnos entre nosotros y con otros, cada vez que pudimos. Guerra civil en 1832, que le abrió las puertas a Rosas para invadirnos en el 43 y quedarse 9 largos años, la fatídica guerra de la Triple Alianza entre el 65 y el 70, en la que bajamos los cuernos y peleamos por la causa de otros, los caudillismos de peleas eternas entre colorados y blancos y casi 30 años de guerrilla y dictadura en el siglo XX.
Hoy tenemos un país del cual sentirnos orgullosos, hoy somos un pueblo, somos un lugar entre dos ríos que late y sueña.  Pero no olvidemos que lo somos, porque hubo un día un grupo de hombres que creyó que la utopía era posible. Y lo fue.
Feliz Día de la Independencia Uruguaya para todos!