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ochenta veces y una, la gota cayó a la charca y deshizo allí a la luna. El reloj dio un solo paso, el ciempies dio cien y uno, el sol murió en el ocaso, el mar acunó a Neptuno, cubrió a la arena caliente, la nube rompió en diluvio fuimos uno para siempre, y sólo bastó un segundo. |
