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Mis treinta y dos dientes desparejos útiles para múltiples labores, para todas las sonrisas de tus días, para morder algunas de tus noches. Mis dos brazos, mis manos, mis diez dedos dispuestos a la labor y las caricias, mis hombros a la altura de tu pecho donde recostarte cuando acabe el día. Mis piernas entrenadas en caminos para escoltar tu rumbo de gitano para seguir tus pasos bailarines para apresar tu cuerpo y enredarlo. Mi despertar cansino y silencioso mis siestas en las tardes de tormenta mis insomnios poblados de temores mis suspiros nocturnos, mis poemas. Te traigo mi guitarra trovadora, mi voz cantora, mi leve susurro te entrego mis neuronas perspicaces, mis garabatos escritos en los muros. Para sumar a tus riquezas terrenales te traigo mi inventario de tesoros, unos pocos valores que he guardado tú dispondrás de ellos a tu modo. |
