Bienvenido

Tibio,
como un trazo de melaza derramada,
un rayo de sol se cuela por el tragaluz de mi altillo,
recorre las baldosas, mi espalda
y se posa sobre mis hombros.

Cálida también,
tu cercanía ronda mi breve pausa del mediodía,
y yo agradecida,
disfruto del sol y de ti.