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Gota a gota el glaciar de mi mirada siempre ausente, siempre vaga, va fundiéndose al calor de tus ojos de fogata. Mis dedos carámbanos traslúcidos, tiesos ceden en mis manos mojando y calmando la fiebre de fuego de tu piel - verano. Licuada la escarcha de mis pies nevados, se funden mis piernas en tus bosques cálidos, en la arena hirviente de tus pies descalzos. Mi invierno inclemente se vuelve verano, cuando vuelo leve desde el Sur lejano a tu sol eterno, a tu ser templado. |
