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Cruza la tarde una estela, la nave flota cansina, el agua espera paciente. Un barco, un navío, un buque de guerra que regresa de sus luchas. Un mar, un océano, un abismo de agua calma tras las tormentas. Sobre las viejas cicatrices, marcas de guerras pasadas, la caricia suave de la ola nueva. Sobre la yerma espuma de un mar sin barcos, ni peces, la caricia cálida de la madera. El agua solitaria se puebla, el barco depone sus armas, cae el ancla a la mar y la completa. |